Hay dos cosas imposibles en esta vida: la inmortalidad y que España gane la Copa de las Naciones de Scrabble. Por eso de nuestro paso por este mundo nos debemos llevar lo positivo.

Y en ello, la disyuntiva española se ciñó en ver como un año más se iban por la borda nuestras ilusiones, mientras como por arte de magía durante unos días de ensueño, nuestros jugadores brillaban con luz propia en lo que sin duda ha sido nuestra mejor participación en años.

Que gozada ver el dominio de los nuestros en la Copa de la Amistad, la avalancha de jugadores celtiberos siempre en las primeras mesas, ese podio colorido con el recuperado Enric y la fantástica Arantxa, la alegría de nuestros aficionados y sus felicitaciones. Genial.

Y de la Copa, ¿qué?

Riera el seleccionador tuvo en vilo a sus seleccionables hasta poco antes del Mundial, agotó la paciencia de algunos, se irguió adalid del equipo, nos aseguró la victoria, el triunfo, la gloria. Una vez dio el quinteto y el reserva, se alzaron voces en contra de su elección, ¿Por qué este y no el otro?, ¿te llevas a Marina? ¿Neme suplente?. Pero Riera, impertérrito e impasible  aseguraba haber escogido a los mejores.

EEUU, la primera en la frente, derrota; Venezuela, la segunda, derrota; Argentina, (no hay problema siempre le ganamos), tercera derrota, y con todo ello solo Marina Colson ganando sus partidas. La tragedia mascada y sólo quedaba la honra del podio. Y ahí si, pim pam pum, bocadillo de atún, y el equipo funcionando aunque para bien poco, nadar para morir en la orilla.

Desolación en el equipo, silencio entre la afición y de inmediato, “Enric ya no es el mismo, Ayala está acabado, lo de Arantxa fue un error…” y todos pidiendo la cabeza del capitán. Eso sí, este ni se inmutó, “puse a los mejores”-decía, mientras aseguraba estar listo para acometer con optimismo Panamá 2019. Increible.

Pero mira por donde que se inicia el mundial individual y nuestros jugadores empiezan a copar las primeras mesas. Y pasaban los días y se acumulaban los nuestros arriba, algunos ni se movían de allí mientras otros subían y bajaban, y bajaban y subían en oleadas. Era un espectáculo que no tenía fín, y que aturdía a la afición.

Al final, gana Picciochi, pero eso da igual, es el mejor. Lo bueno fue ver a Enric y Arantxa en el podio y hasta una burrada de ocho entre los veinte mejores ( y sin contar a Serge que para nosotros también es de los nuestros). Luego al ver aquello, todos pensaron lo mismo: ¿cómo que no ganamos la Copa de las Naciones, si todo el equipo incluido el suplente quedaron entre los quince mejores de la competición?

Acevedo nos lo aclaró: “Ustedes son buenos pero no son un equipo, son una banda”.

Contentos, orgullosos  y con ancha sonrisa, regresamos a casa, sabiendo que debemos aguantar un año de sorna argentina, si bien nos ahorramos comprar una maleta para traernos la Copa, no tirar a la piscina al seleccionador y nos ilusionamos con Panamá 2019, muy especialmente Riera que volvía a insistir: “me siento optimista para continuar al frente de este equipo”.

Ni con aceite hirviendo nos libraremos de él.

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