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Podría ser que un españolito de España, tumbado en una hamaca mientras pela un cacahuete, disfruta un chocolate y echa mano a la cajetilla de tabaco para agarrar un cigarro, se quedase tan tranquilo pensando que qué pedazo de idioma le dimos a los indígenas americanos. Que mientras ellos andaban por ahí en canoa pescandotiburones, o cazando pumas, o esquilando llamas, los hispanohablantes de la orilla europea habíamos sorteado los huracanes del Atlántico para enseñarles a monetizar maíz  tomates, alfabetizar con tizas, crear ruedas de caucho y alcanzar un nivel de vida en el que la máxima preocupación fuese observar tu barbacoasentado en una butaca cubierta de hules. Pero ese español ibérico debería comerse sus palabras con papas.

De no haber sido por la sapiencia de los pueblos autóctonos de América, una séptima parte del párrafo anterior (15%) sería absolutamente ininteligible.

La razón es que las barbacoas, las butacas y las hamacas las pusieron en la RAE las tribus caribe, igual que los tiburones y las canoas los taínos y los huracanes ambos arahuacas. Los quechuas nos enseñaron desde cómo advertirnos de la presencia de un puma, cómo abrigarnos con lana de llama o qué nombre y material darle a las ruedas de caucho. Los hules no los inventó tu abuela, sino los náhuatl, igual que latiza que te tiraba el maestro a la cabeza. Y por supuesto ya podrías dejar de soñar ni con chocolate  ni cacahuetes ni tan siquiera con tomates  fritos si no fuera por esos mesoamericanos. Tampoco con patatas fritas ni ensaladas de maíz  sin los taínos; y para qué hablar de darle una calada a ningún tabaco si no le hubiera puesto ese nombre el pueblo arahuaco.

Palabras como iguana (arahuaca), aguacate (náhuatl), cacao (náhuatl), yuca (taíno) o caníbal (taíno) son vocablos integrados en el idioma español y aceptados por la Real Academia cuya procedencia, a menudo, pasa inadvertida. Son americanismos. El mismo término que utilizamos para referirnos a palabras como basquetbol. Lo que ocurre es que mientras se nos hace fácil detectar esta segunda clase, los angloamericanismos, apenas podemos apreciar las que son herencia de los lenguajes precolombinos del continente americano por su variedad de formas.

Según las estadísticas de la institución académica de las letras, existen principalmente cuatro zonas de América que supusieron la mayor influencia indígena a la lengua española. La de más antigüedad es la que se conoció como las Antillas españolas de Santo Domingo, Cuba y Puerto Rico, abarcando también gran parte de Venezuela y norte de Colombia. Allí fue donde desembarcaron los primeros colonos procedentes de Andalucía y Canarias (motivo de la similitud de estos acentos con los latinoamericanos), y también, la razón por las que las palabras canoa y hamaca fueron las primeras en incorporarse al idioma castellano. Cristóbal Colón llamó así en el Diario del Primer Viaje a las pequeñas embarcaciones que avistó en el nuevo continente, un 26 de octubre de 1492. Era como se lo había escuchado decir a la gente que se comunicaba en taíno y en caribe.

La segunda zona importante es la que abarca México y América Central, donde estaban asentadas civilizaciones como la azteca y la maya, y milenarios idiomas indígenas como el náhuatl azteca, le dieron nombre hispano a cosas como el chicle o los coyotes.

Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y el norte de Chile conformarían la tercera influencia importante, siendo el quechua la lengua que inventó el cóndor y las chirimoyas.

El tupí-guaraní conformaba el cuarto territorio de intercambio lingüístico, en el actual Paraguay y norte de Argentina. Fueron ellos los que nos enseñaron a decir qué es un tucán o una tapioca.

La lista es larga y probablemente de muchos no tenías ni idea de su origen ultramarino. Aquí va un menú de ejemplos de esas palabras que llegaron al idioma del Quijote mucho antes de que existiera el hidalgo caballero.

  • De las lenguas arahuaca:

– Del taíno: ají, barbacoa, batata, bejuco, boniato, cacique, caníbal, canoa, carey, caimán, caoba, ceiba, Cuba, curazao, bahama, habana, Haití, cocuyo, colibrí, daiquiri, guajiro, hamaca, huracán, henequén, iguana, jején, jíbaro, macana, macuto, manatí, maraca, nasa, papa, piragua, sabana, tabaco, tiburón, tonina, maní, maíz, enagua y yuca.

-Del tehuelche: gualicho (hechizo o diablo).

-Del caribe: barbacoa, butaca y Caribe.

  • Del maya: cenote y cigarro
  • Del náhuatl: aguacate, zoquete, petaca, malacate, petate, chocolate, cacao, tomate, coyote, hule, tiza, chicle, cacahuate, chile, cuate, guacamole, jícara, mezcal, México, milpa, mole, nopal, ocelote, papalote y peyote.
  • Del quechua: cancha, carpa, caucho, chirimoya, choclo, cóndor, curaca, guacho, huayco, llama, palta, pampa, papa, puma, puna, quena, quincho, yuyo.
  • De las lenguas tupí-guaraní:

– Del guaraní: ñandú, ananá, guaraná, tatú, cajú, yacaré.

– Del tupinambá: tapioca, jaguar, mandioca, tucán y tapir.

  •  Del mapudungun: pilcha, chaucha, gaucho y che.

¿Cuáles más sabes?

Extraido de http://www.yorokobu.es/

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