José Luis (nombre ficticio) es un jugador de gran nivel en scrabble. Estratega, tiene un  vasto conocimiento del vocabulario, y esto le ha permitido mejorar su juego vertiginosamente en los últimos tres años.

 Amén de todo esto no se halla conforme consigo mismo. La respuesta: siempre cae derrotado, y por poco margen, ante Rubén, un oponente mejor posicionado en el club de su comunidad.

Situaciones como esa son frecuentes en los ámbitos del deporte o juegos de tablero. Las explicaciones hay que buscarlas en el análisis al final de cada partida y, si es posible, en un autoexamen del jugador vencido.

Cuando las derrotas son zurras se puede entender que existe una superioridad inmensa de uno hacia otro competidor, pero si el común denominador de casi todos los enfrentamientos es el escaso margen, entonces podríamos entender que tal vez hay algo más: miedo psicológico hacia un adversario determinado.

Ciertamente que enfrentar a un jugador más avezado puede provocar un ambiente de miedo escénico capaz de obnubilar la mente. En situaciones así, en que la memoria se bloquea, por lo regular entran en juego el nerviosismo, la rigidez y la propensión a cometer algún error costoso, lo que finalmente puede traducirse en derrota.

Hay casos en que un jugador suele empezar muy bien sus partidas, pero en las rectas finales se presiona. Aquí se suman dos factores: el afán por ganar del scrabblero unido a un gran empuje y determinación, pero también el respeto y temor ante su archirival en los momentos finales, que es cuando se aprieta el panorama.

Entonces, ¿cómo puede romperse con ese escollo?

Con sacrificio, tiempo, revisión de yerros, asesoramiento y crear un espíritu ganador. La confianza en sí mismo será determinante. El momento de la victoria llegará. Puede que suceda gracias a la generosidad de las letras escogidas de la bolsa, pero no es buen consejo estar contando con eso a todo momento. También las letras pueden ser caprichosas si les da la gana. 

Para ser bueno hay que vencer a los buenos, para estar entre los mejores debemos aprender a derrotar a los mejores. Y… ¿para ser campeón? Obvio, sufrir y batirse con los grandes genios del juego y, sobre todo, aquellos que han sido nuestros fantasmas. 

Iván Ottenwalder

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