Nigel Richards es una de las figuras más fascinantes de nuestro juego. Como afirma Enric Hernández, no hay duda de que es el mejor jugador del mundo y así como muchos que siguen sus pasos competitivos nadie deja de sorprenderse con sus hazañas. Cabe recordar que en Lille durante los mundiales conjuntos del 2016 no paso indiferente y quien más quien menos, logró su ansiada foto o incluso cruzar unas palabras con él.

En nuestro pequeño mundo sus historias son legendarias y siempre cabe sintetizarlas para poder ofrecer una imagen lo más ajustada posible a la realidad. Y todo porque Nigel es un enigma, un misterio fuera de los tableros que no deja de asombrarnos en cuanto se sienta a competir.

No empezó a  jugar a Scrabble hasta que tenía 28 años. Debutó en Nueva Zelanda en su Torneo Nacional de 1997 después de realizar un recorrido en bicicleta de 14 horas llegando de madrugada. Jugó todas sus partidas de fin de semana y regresó con el título de su División de nuevo en bicicleta.

Cuando después de ganar varios campeonatos comenzó su periplo por Asia que le llevo definitivamente a residir en Malasia tres años después, acumulaba un 85 % de victorias (en el 2011 se calculó que era un 75% a nivel absoluto).

Internacionalmente debutó en un Mundial en Melbourne 1999 y comenzó su leyenda tras comentarse que había memorizado el diccionario general de juego con todo su contenido en solo cinco lecturas. En aquella competición sorprendió su enorme poder de vocabulario muy por encima del resto, pero también su actitud jugando. Sin expresividad manifiesta, sin reacción aparente, sin dejar entrever emociones. Brazos paralelos a borde de tablero y mano izquierda doblada sobre la derecha.

Se dice que su memoria es fotográfica y extraordinaria en la velocidad en la que las encuentra al enfocarse en su banco de memoria, pero él admite no saber ubicar la imagen en un contexto o recordar de donde le vino tal o cual palabra. Ha de leerlas ya que si las oye o las ha hablado difícilmente se le quedan, Más que fotografiar, él escanea desdeñando los tiempos verbales, plurales o definiciones. En su desarrollo de juego bien parece que las palabras son cadenas de letras, posibilidades matemáticas.

Richards es ampliamente admirado en el circuito por su enfoque caballeroso del juego, muy  en contraste con algunos de los fanáticos con los que a veces comparte podio.

Algunos de estos admiten que su perfección muestra una debilidad, y es que Nigel siempre juega abierto, sumando altos puntajes con la seguridad que su vocabulario le facilita. Esa manera de jugar lo hace vulnerable. Por un tiempo, primero los tailandeses y luego los nigerianos con su juego corto, consiguieron estar a punto de acabar con su hegemonía. Aquello duró poco, e incluso alguno de sus grandes rivales por dos o tres años, terminaron abandonando la competencia..

Es conocido su nulo entusiasmo por analizar o estudiar posiciones del tablero así como su falta de interés por el juego estratégico y eso a quien incomoda es especialmente a los expertos estadounidenses que critican sus finales de partida y sus rápidas espantadas tras finalizar estas.

Nigel ha comentado en más de una ocasión que cada partida es un mundo y una vez acabada hay que pasar página inexorablemente.

En español, un campeonísimo como Joan Ramón Manchado decía que se juegue como se juegue al final siempre gana el que hace más puntos. Richards, fiel a esta máxima no ceja en su estilo y es de la misma opinión: “El objetivo es marcar más puntos que tu oponente “.

Pese a ser poco amante de socializar en los torneos. Entra directo a sala, directo a mesa, no es totalmente ajeno a lo que se exhibe a su alrededor, simplemente vive su mundo interno a su manera.

Hay algo que puede llegar a irritarle. Son los periodistas y especialmente los insistentes que crean alboroto a su alrededor o no cesan en pedir una imposible entrevista que nunca proporciona.

Nigel es consciente de lo que sus éxitos están generando en el mundo, donde cada federación internacional quisiera verlo jugar en su idioma. Rumanos, italianos le retaron a probar con sus idiomas de extenso vocabulario. Cuando Horacio Moavro le preguntó, no llegó a descartarle que algún día probara con el español.

Rey de títulos en el mundo anglosajón, su perfección en las terribles duplicadas francesas lo han hecho inmortal. 34 partidas seguidas al 100% resulta imposible de superar. Serge Emig contaba que no necesita apenas tiempo para encontrar la jugada perfecta, tanto así que quizás requiera de más tiempo a rellenar la planilla que a anagramar.

Nigel Richards no deja de sorprender:

“La competencia era nueva para mí. Pero no me molesta. Es más un desafío aquí, que es realmente lo que estoy buscando Simplemente disfruto intentando desarrollar las posibilidades y ver lo que puedo hacer, ver lo que puedo presentar. Puedo disfrutarlo si gano. Puedo disfrutarlo si pierdo … Estoy aquí sólo para un poco de diversión”.

 

 

 

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