Luis Carestia juega en el Club de Bahia Blanca y se ha reivindicado recientemente como el jugador argentino con mejor progresión de los últimos años. Minucioso en su preparación ya está en el selecto top 10 nacional destacando especialmente en duplicadas, modalidad que lo llevó al podio en el Mundial de Asunción. Afirma que las palabras son su pasión y apuntar alto su meta. Llegó al scrabble para quedarse.

Quinto en el Nacional argentino, ganador en los Lagos del Sur y octavo en el ranking del país. La acreditación que ahora presentas muestra una progresión espectacular. ¿Cuáles destacarías como las principales razones que te han llevado a evolucionar de esta manera? 

Posiblemente, la razón principal de los resultados actuales, sea que “estudio scrabble”. Estoy jugando con las palabras, de eso se trata. Estudio Scrabble es la página de internet que creé hace poco más de dos años (https://www.facebook.com/estudioscrabble). Si bien, últimamente, no he podido comentar mucho allí, fue, quizá el punto de partida de esta convicción. Jugar scrabble es sencillo. Las reglas son transparentes. Por otro lado, el azar, es un factor (una de las cinco claves del juego, según creo) que puede definir algunos partidos, inclusive en favor de quien recién haya aprendido. Pero la suerte es una cuestión de estadísticas. Intentar jugar mejorando las probabilidades de ganar depende, precisamente, de sumarle a la casualidad otros factores más controlables. El vocabulario, la visión del tablero, la estrategia y la fortaleza mental (he aquí las otras cuatro claves), pueden ser estudiados sistemáticamente y hacer, en la práctica, que tu juego mejore. Precisamente esa es la segunda razón, la práctica.

Actualmente tengo la posibilidad de jugar con los amigos de Bahía (sobre todo con Adrián Balajovsky y Quique Berman) a diario. No menos de 10 partidos semanales en tablero. Con todas las exigencias de un partido de torneo (inclusive con algunas más, como jugar con el reloj con 15 minutos por jugador). Es un entrenamiento formidable. Todavía podría agregar que cada tanto juego alguna partida con el DUPMASTER (por lo menos 15 rondas, como propone Patxi Navarro) y las partidas virtuales por internet (aunque ya no juego tanto como en otro tiempo).

¿Aún queda margen de mejora o has llevado muy alto el listón?

Evidentemente que debo mejorar mucho. Creo que recién estoy entrando en la competencia. Sin ir más lejos, el año pasado, sobre el final (digamos que a partir del mundial de Asunción) tuve una seguidilla de muy malos partidos. Me di cuenta de que estaba jugando mal… Me llevó un tiempo (tal vez unos tres meses) entender qué era lo que no hacía bien. Tenía que ver con la estrategia…, la clave del juego que me desvela desde siempre, que más me cuesta dominar.

El inicio de temporada con un dominio absoluto en la Carrera Bahiense amén del éxito en Bariloche ¿Qué expectativas te representan para lo que resta de temporada?   

Las mayores. “Apuntad alto” decía un sabio (sabe el lector, quién?). Desde el momento en que me he metido en el mundo del scrabble y de la forma en que lo he hecho, el deseo de mejorar está presente en forma constante. Me he propuesto algunos objetivos durante este año. Me gustaría poder subir un poco más en el ranking nacional, mejorar mi quinto puesto en el torneo nacional y, de ser posible, empezar a “tallar” un poco más en las lides internacionales.

 Alcanzar el top 10 en Argentina es todo un éxito, y el reto ahora se traslada también a las competiciones internacionales. ¿Te veremos en el Austral, Andino o Mundial?

Precisamente. El desafío que se impone. Ya tengo decidida mi participación en el Austral y el Mundial. A ver si puedo mejorar mis resultados y subir un poco en el ranking de la FISE.

Por otro lado, no me olvido de la DUPLICADA. Es una modalidad que aprecio mucho. Sin ir más lejos, el año pasado, salí tercero en el mundial. Digamos que dejé la vara muy alta para superarme (y el rival es nada menos que Luis Picciochi), pero estoy dispuesto. Habrá que seguir estudiando…

¿Cuándo empezaste a jugar y cómo? 

Como para muchos, para mí, el scrabble se mezcla con los juegos de mesa de la infancia. Allá, a principios de los 70, cuando hacía poco que me había alfabetizado, jugar con palabras comenzó a convertirse en una pasión. El entretenimiento de aquella época no incluía la fascinación de los mass media ni la virtualidad de las redes y el mundo digital. Entonces, jugar, requería de poner el cuerpo (y la mente, por supuesto), aquí y ahora. Siempre fui un chico muy inquieto, a la vez que reflexivo. Mientras que tenía tiempo para andar de techo en techo también había momentos (los días de lluvia, en invierno, o las noches de los veranos, en la playa) en los que sentarse a jugar era una excelente opción (junto con la lectura, parte esencial de esa pasión). Allí apareció, con naturalidad, el scrabble.

Luego, ya adulto, seguí jugando cada tanto. Inclusive les enseñamos a jugar, con Pamela, mi esposa, a nuestros hijos (Federico y Lucía).

Entre los distintos factores de juego presentes (azar, estrategia, vocabulario, psicología…) con cuales te sientes más identificado?

Si bien las malas lenguas dicen que es el azar (parece que los comodines se me pegan en los dedos…), en realidad confío más en el vocabulario.

Como digo, las palabras son mi pasión y a eso me dedico, a estudiarlas. Me gusta muchísimo encarar esta tarea de la forma más sistemática posible. He desarrollado algunas ideas que me permiten ser metódico a la hora de confeccionar listas. Además, y como parte de esta tarea organizada, comparto los resultados (para eso Estudio Scrabble) con todos aquellos que quieran aprovecharlos. En particular me resulta muy práctico y eficaz aprender los significados. La asociación semántica es mi fuerte. Tanto algunas cuestiones etimológicas como algunos aspectos lingüísticos que encuentro aquí o allí al estudiar alguna palabra me ayudan mucho a memorizarlas. No niego la posibilidad de reglas mnemotécnicas más simples, pero, en general, si no conozco qué significan no suelo retener muchas palabras. Inclusive me pasa con las palabras de dos y tres letras. En esta tarea de aprender palabras, los verbos ocupan un lugar privilegiado que, a la hora de jugar, me han dado enormes satisfacciones.

La visión del tablero (un factor que habría que pensar un poco más) la he mejorado muchísimo a partir de jugar DUPLICADA.

No soy un jugador que tenga una gran fortaleza anímica, pero, jugar tranquilo, ya gane ya pierda, me da, siempre, un margen para tener la cabeza fría a la hora de tomar decisiones.

Por último, la estrategia. No es mi fuerte. No la desecho. Sería una necedad. Estoy, inclusive, pensando en escribir algún pequeño artículo (que espero poder publicar en Estudio Scrabble) sobre cómo la veo. Pero, noto que me falta mucho para dominarla y mucho más para considerarla mi fuerte.

 Visitando el centro de juego argentino en la capital, ¿de qué jugadores te sientes más influenciado cuando compites o han aportado más variables a tu juego?

Con los amigos de Buenos Aires, en estos cuatro años que llevo de competencia he podido jugar relativamente poco como para poder apreciar en toda su dimensión los estilos de juego de cada uno. Ha habido, eso sí, muchas amables charlas en las que he podido ir descubriendo cómo ven el juego. Luis Acevedo es un fanático de las palabras, como yo. Me gusta eso. Con Horacio Moavro hemos compartido más. Quizá con quien más partidos jugué. También hemos hablado mucho del juego. Últimamente me sorprendió que me dijera que está practicando mucho el “cierre” de las partidas. El final es clave. Estoy atento a eso.

Con Luis Picciochi he jugado muy poco (tal vez sólo seis partidos). Para mí es el mejor jugador del mundo (no creo haber descubierto nada, no?). Lo que más aprecio de su juego es la apertura. Promediar casi cuatro scrabbles por partido. Ese es mi norte.

No me puedo olvidar de Claudia Amaral. Además de ser alguien muy importante para mí en relación con lo que el scrabble es hoy en mi vida, también ha aportado algo a mi forma de ver el juego. Es una clave todavía un poco críptica (clave aún cerrada). Al final del mundial de Asunción, cuando me acerqué a felicitarla por su subcampeonato, me dijo que su logro se fundamentó en un cambio. Jugó de manera “más agresiva”, me dijo. Si bien no he tenido tiempo para preguntarle qué significa esa expresión, creo entender que se refería a jugar de forma más abierta (como lo hace Luis Picciochi). Como ven, creo que hay que apuntar para ese lado. Tampoco han caído en saco roto algunas sugerencias que me han hecho amigos como Rocco Laguzzi y Ricardo Bondino. De todos se puede aprender algo. Me gusta tener esa disposición.

Y como componente del Club de Bahía Blanca, ¿podría hablarse de evolución y mayor competitividad federal?

El Club bahiense es parte de un proyecto personal con respecto al scrabble. En sus cuatro años de vida hemos ido creciendo despacito pero sostenidamente. Por un lado, nos interesa mucho su inserción social. Que cada vez se acerque más gente a jugar es para nosotros un auténtico desafío. A la altura de la competencia. Y eso, está sucediendo. De aquí esperamos poder cimentar nuestra proyección nacional. Todavía no somos muchos los que participamos en torneos fuera de Bahía. Adrián y yo no nos perdemos ninguno. Quizá por eso hemos crecido mucho en el ranking nacional. De a poco nos van acompañando otros. Dolores Rey Saravia, Quique (a los 80 años, una joven promesa!), Mariela Marinangeli, Susana Olivetto, Silvina Cocciarini. No renunciamos a que un día vuelva Fernando Rey Saravia (potente jugador). Y hay muchos otros que en cualquier momento se prenden. Estamos juntando, de a poco, masa crítica.

¿Qué ha aportado el scrabble en tu vida?

En primer lugar, proyección. Hace tres años me he retirado de la labor docente formal. Y en esa decisión el scrabble tuvo mucho que ver. Se ha convertido en mi actividad vital. En proyecto de vida.

Gracias a Claudia Amaral, que nos facilitó el proyecto, y a una gestión que realizó Adrián he comenzado a trabajar con adultos mayores enseñándoles a jugar al scrabble. He comenzado el tercer año de esta experiencia. Lo que eran tres talleres, en el 2016, se han transformado, hoy, en ocho. Inclusive, desde finales del año pasado, hemos comenzado una experiencia de enseñanza con chicos de escuela primaria (9, 10 y 11 años de edad), un verdadero desafío.

Soy profesor de filosofía y no renuncio, todo lo contrario, a mi vocación y a la profesión que he hecho de entender y transformar la realidad. Entonces, continúo con mi labor docente. Sólo que he cambiado de ámbito y de contenido. Dedicarse a lo que uno más quiere es una suerte que siempre he tenido y, hoy, el scrabble ocupa ese lugar.

Tanto la proyección docente, como la proyección social e inclusive la competitiva son parte de un todo. Scrabble a tiempo completo.

 

Muchas gracias, Luis

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