Es un hecho constatado por la psicología moderna y especialmente la deportiva, la existencia de una circunstancia que poco se sabe controlar, pero que al menos todo deportista o competidor la ha sentido.

Hablamos del “Flow” – Fluir – o lo que vendría a ser, llegar a estar en ese estado en el cual se logra cierto estado de conciencia que facilita en momentos determinados una liberación del cuerpo y la mente de forma extraordinaria. Algo que puede darse en diferentes ámbitos de la vida cotidiana, pero el término se acuñó especialmente para el deporte. Podría definirse también como plenitud donde nada más existe en ese instante, donde uno se eleva sobre si mismo, donde existe el pleno control, o la presencia plena.

Resulta difícil de definir, pero quien lo ha sentido en determinados momentos lo entenderá. Es un estado de conciencia en el que uno se siente totalmente absorbido y absorto en lo que está realizando, excluyendo cualquier otra idea o pensamiento que no tenga que ver con la acción que se está llevando a cabo en el momento presente. Así pues, el “flow” tiene que ver con el enfoque o la atención.

Místicamente lo catalogaríamos de experiencia armoniosa en la que el cuerpo y la mente funcionan al unísono fluidamente y sin esfuerzo, haciendo que el deportista o cualquier persona sienta que algo muy especial ha ocurrido.

También tiene que ver con el disfrute o el goce, ya que se asocia con estados pico o  elevados en la realización de una actividad deportiva o no.

Aunque el ganar puede ser importante en la competición, el “Flow”, no depende de ello, ya que tal estado de conciencia que se da, ofrece mucho más que un resultado positivo en el juego.  “El estado de Fluir”, eleva o impulsa la experiencia de lo ordinario a lo más óptimo, y  es en esos momentos en los que uno se siente intensamente vivo y en sintonía con lo que se está llevando a cabo..

Entre las muchas cosas que podemos realizar en nuestra vida, es en los deportes donde se presenta esa maravillosa oportunidad para que esa plenitud   se produzca: una carrera de fondo en donde sin saber como el atleta rompe las barreras del dolor y se siente como en una nube pudiendo aumentar su esfuerzo ajeno al dolor o sufrimiento; ese deportista de precisión que en el momento cumbre siente que nada puede desviar su mente de lo exacto y puntual que le da casi la perfección, y como no, en los deportes de mente donde en pleno proceso competitivo es tal el punto alcanzado de concentración que a ese jugador que lo halla nada se interpone como si el azar se apoderara de todas las partidas que afronta y en definitiva diríase,  le sale todo.

Quizás fuera en scrabble  lo que Laguzzi describía cuando recordaba lo que sintió en España 2012 viendo que estaba en una nube donde todo le salía perfecto; lo que Juan Carlos Ayala sintió en aquel campeonato de España del 2011 en Las Palmas cuando nadie podia toserle y hacia que no se moviera de la silla entre ronda y ronda; lo que Airan Pérez pudo sentir ascendiendo hasta la final ronda a ronda del Mundial de Buenos Aires; lo que otros jugadores en la recta final de una gran competición afirman haber encontrado cuando se sentían imparables al podio, ya fueran aspirantes esperados o inesperados para muchos.

Contaba un atleta español  de primer nivel, que ese momento aunque se busca nunca llega cuando se desea, pero si tienes la suerte de encontrártelo justo en medio de la competición más importante del año, puedes alcanzar la gloria o esa posición a la que solo los sueños te invitaban a contemplar.

Si esto lo admitimos para el scrabble, que nos impide pensar que pudiera tratarse de ese factor  incluido en el azar y con connotaciones psicológicas que de la noche a la mañana puede devolver a un jugador devaluado a la élite o a otro de clase media a codearse con los grandes?. Es indudable que hay quienes  alguna vez se han sentido así en una competición, ya sea cayendo en picado o como poseídos con una arrolladora fuerza, esa que les hace no salir de las primeras mesas y tan fuertes que les da ese plus necesario para cumplir sus retos.

Merece más profundización el tema, puesto que no se puede obviar pueda resultar sino frívolo si simplemente un mero aspecto gracioso. Eso sí, mientras con seguridad habrá quien se identifique o quien lo defenestre, dejemoslo al menos en una curiosidad o anécdota para que cada uno lo disfrute tal y desee.

En el tejado queda la pelota.

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