Hay jugadores a los que admiro por muchas razones: unos porque saben ganar, otros porque saben perder, unos porque se preparan para mejorar, otros porque lo consideran tan lúdico el juego que disfrutan en las derrotas y las victorias, unos porque no van a jugar, van a ver a sus amigos; otros porque simplemente se hacen querer…pero sobre todos a los que mas admiro son a los valientes.

Decía que a los que más admiro son a los valientes. A esos que debutan en un torneo oficial sin miedo a ser vapuleados, sin miedo a quedar últimos, sin temor al inexistente ridículo. A esos admiro. Y hay muchos y cuyos nombres no diré. Uno de ellos en su primer torneo perdió todas las partidas y de las seis, cinco de ellas por menos de 15 puntos, repitió y las volvió a perder todas. Me preguntó cuando era el proximo. Una jugadora las perdió todas y cuando le llamo su hija le dijo que había jugado con un campeón del mundo y casi gana una. Otro aguanto 17 partidas en la última mesa y no ganó ninguna, pero resistió. Otra gano solo una y decidió que debía estudiar al menos para no quedar última… y nunca llegó a ser última.

Estos jugadores no sienten envidia de los que están arriba, no culpan a la mala suerte, y saludan al final de una partida. Los envidio porque esos son los auténticos campeones.

campeón, na.

2. m. y f. Persona que defiende esforzadamente una causa o doctrina.

 4. m. Hombre que en los desafíos antiguos hacía campo y entraba en batalla.

valiente.

3. adj. Eficaz y activo en su línea, física o moralmente.

Hay una anécdota que siempre me impresionó. Un jugador clasificado en último lugar aplaudía a rabiar al jugador que había quedado tercero. Al preguntarle porque lo hacia con tanto entusiasmo, me dijo: La única partida  que he ganado se la he ganado a el. Aquello le consolaba sobre todas las cosas, y le envidié.

La verdad es que no entiendo porque tengo esa debilidad. Sigo más las clasificaciones de las segundas categorías en Venezuela, o la liga B argentina o los sub 1800 españoles que la de los grandes campeones. Quizás porque yo fui uno de ellos, no un valiente, sino un perdedor con ambición.

Si alguna vez estas en un torneo y te encuentras con uno de esos jugadores o jugadoras no lo menosprecies, no te cebes en hacerle muchos puntos, no le hagas comerse la Q, no lo castigues por un error. Si ganas, que será lo mas lógico, estréchale tu primero la mano y felicitale por su juego, que de alguna u otra manera es felicitarle por su valentía en encarar un presumible varapalo. Aprovecha y coméntale que puede mejorar, elogia alguna virtud que le hayas visto en el tablero y ante todo recuerda que un día te puede ganar o mejor aún será uno de tus rivales mas temidos.

Joan Ramón Manchado me ganó mi primera partida oficial, mi primera partida con reloj, y no solo me felicitó, elogió que durante un buen tiempo le puse difícil el match. Y eso no se olvida.

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