La historia que se relata a continuación ocurrió el verano del 2010 y es del todo verídica.  Este año también hubieron partidas, pero no estuvo presente el protagonista Ramón al que desde aqui se le recuerda con cariño. No se la pierdan:

Con una maleta cargada de juegos me presente a las Fiestas del Somontano para cumplir con un encuentro de scrabble organizado por las peñas juveniles y el amparo de la AJS, la asociación de jugadores de España.

Tierras hostiles al juego estas del Aragón, de donde solo dos jugadores han despuntado en los últimos años y en especial en esta ultima temporada con el debut exitoso  del zaragozano Jose Manuel Valencia. Tierra sin tradición competitiva y donde como colonizador a jornada parcial acudí presto a servir a la causa con la compañía de mi hija Marina.

En la biblioteca municipal doce inscritos, y no estaba mal, siete niños y cinco adultos. Con paciencia iban entrando a la magia de los atriles y al principio con energía, pero conforme pasaban los cuartos la desgana se apoderaba especialmente de los menores que iban quedándose casi como espectadores. Y es que el error estuvo en situar en la misma sala de juegos unos ordenadores que acabaron por distraerles.  No obstante quedaron algunos valientes que incluso se atrevían a retarse.  La más espabilada lo hizo con Marina y esta solventó la papeleta con dos scrabbles de inicio y a conservar la ventaja permitiéndose corregir errores de su rival. Un servidor seguía haciendo de monitor.

Y así,  sin pena ni gloria la tarde daba a su fin hasta que pasó lo imprevisto. Por la puerta entró Ramón y algo debía de tener este hombre porque todos lo saludaban con afecto. Habia ganado el concurso comarcal de ajedrez y de mus, menuda fiera. Alto, guapo, con una sonrisa de simpatico irremediable. Y como si nada fuera con él se disculpa por no haber venido antes. Lo curioso es que Ramón sabe jugar a scrabble y alguna vez en familia ha practicado. Es profesor de matemáticas y muy conocido por lo que aprecie.

Pues nada, me mira a mi y me dice: -¿Tu no juegas? . –Yo hago de monitor .-le respondo. Y me pide partida. Le comentan que soy “profesional” , que he estado en un mundial, que gané un título en Madrid.  Sonrie y me espeta: -Pues venga, echamos una.

Y aquí empezó el espectáculo. Dicen que al español le gusta mas mirar que trabajar y esa tarde se cumplió la norma, los que aparentemente se aburrían se concentraron en seguir la partida. Para mi quizás una más, pero para ellos la partida del siglo. El campeonísimo del pueblo, el ajedrecista, rey del mus, cicloturista, montañero, guapo, atlético, la estrella del Somontano contra el catalán, ese que sabe tanto, el  profesional (eso lo decían ellos, no yo).

Por costumbre soy nervioso y como se que en esto no te puedes fiar de nadie, me puse en guardia. No podía permitirme perder. A Ramón le daba igual y hasta se permitia sonreir y saludar a sus vecinos. Y se inició la partida. Ni cambió, metió un scrabble sumó 74 puntos y tan pancho. Con un atril penoso opte por cambiar, y ahí empezó mi calvario: otro scrabble, 70 puntos mas y aplausos. Y yo, con dos haches y dos eles solo pude responder con una exclamación OH.  El sudor frio recorría mi frente y quien me conoce sabe que es cierto, puedo ser capaz de nadar en medio del oceano  y al mismo tiempo, ahogarme en un vaso de agua, y eso solo de pensar en la derrota humillante que me veía venir.

Por suerte mi rival ya fue haciendo jugadas cortas y sin querer, creo yo, cerrando la partida. Mis atriles seguían dando pena, las vocales me daban la espalda y con lo que odio la G se me aparecía constantemente. Iba recortando distancias pero la bolsa se iba vaciando. Para colmo mi rival seguía bromeando con sus convecinos sonrientes por lo que me estaba cayendo.  Ante la desgracia que se cernia sobre mi reputación, y porque no decirlo, sobre la reputación del scrabble de competición español, opte  por arriesgarlo todo en la última jugada y meter la Q en la bolsa.  Y entonces, en ese momento, la Virgen de los Remedios y una cohorte de angeles y arcángeles, se posaron en mi atril y me regalaron un comodín, así ya tenía los dos, y anagramé un maravilloso scrabble. Ramon vació la bolsa y cayó en la trampa del novato, se llevó la Q y la RR. Perdía de 70 pero me cambio el semblante, la cara, la vida….y sentencié. Zamarrazo y con unos escasos 58 puntos más los que se comió Ramón, gané la partida holgadamente.

Y fui aplaudido, saludado, vitoreado e incluso hubo quien dijo, “eso no vale, es que sabe mucho” .  Respiré tranquilo, recuperé una mirada complice de mi hija, orgullosa de su padre y  me dispuse a recoger el material. Dios sabe que hubieran pensado de mi y de los scrabblistas de competición españoles de haber perdido con un novato. Pero gané (por suerte).

MORALEJA:  Al que nace para campeón del cielo le caen los trofeos. Nunca aceptes jugar  con un desconocido que además  lo gana todo y menos aún si se supone que tu eres el que ha ido a enseñarles.

No se volvió a saber nada más del novato Ramón y es posible que de aquellas tierras del Aragón profundo poco más volvamos a saber aunque nos queda el consuelo de que  la semillita del scrabble allí quedo depositada y a lo mejor, quien sabe, un dia comienzan a quedar seducidos por este nuestro juego. Todo puede ser.

 

Nota:  En recuerdo a Ramón, al que a principios del verano se le diagnóstico un cáncer de cierta gravedad y no pudo estar con nosotros, ni tuvimos opción de localizarlo. Un abrazo.

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