Dentro de lo que se conoce como transculturación, las culturas o tecnologías que nos llegan de países extranjeros, los dominicanos, al igual que cualquier otra nación del mundo, hemos sido testigo de esa penetración.

Las naciones más inventivas llevan sus conocimientos y adelantos a otras. En la República Dominicana hemos recibido grandes dosis del bombardeo cultural procedentes de otras latitudes, incluyendo los juegos educativos.

Y hablando de juegos educativos hay algo que ha quedado gravitando durante mucho tiempo en mi mente. Se trata de la poca penetración que ha tenido el maravilloso pasatiempo del Scrabble en mi país.

¿Por qué no ha calado con fuerza este juego educativo en la República Dominicana? ¿Acaso no han penetrado el Dominó, los juegos de Barajas, Monopolio, Ajedrez, entre otros al ambiente quisqueyano?

 La respuesta hay que buscarla con detenimiento.

 Lo primero que debemos saber es que el Scrabble, conocido en castellano como el juego de palabras cruzadas, requiere de mucha destreza en el amplio manejo del vocabulario, porque precisamente, este es un pasatiempo cultural-gramatical.

¿Quiénes por lo regular lo practican? Personas amigables a la lectura y con mucho deseo de aprender palabras nuevas del idioma cada día.

¿Son estas características propias del dominicano promedio?

Desafortunadamente no. La niñez y juventud dominicana de hoy día están muy apegadas a los videojuegos y la televisión. En el caso de muchos jóvenes universitarios ha proliferado el consumo de bebidas alcohólicas en lugares como colmadones y licorerías (liquore stores), relegando a la lectura a un sitial de poca importancia entre sus necesidades. Las parrandas, que no tienen porqué ser malas, se han comido el espíritu por la lectura.

¡Pero qué pasa! ¿Acaso no se ve esto en otros países del planeta?

Claro que sí. Lo que marca la diferencia es que en otras naciones aún se mantiene el hábito de la lectura dentro de un considerable universo poblacional, mientras que en la República Dominicana el público lector es muy mínimo. Unos se atreverían a decir que prácticamente nulo.

Otros me dirán que el Scrabble no es la cultura en este país. Y en verdad que no la es. La costumbre del practicante de este pasatiempo es la de una persona conocedora de mucho vocabulario y que gusta de la gramática, aunque no necesariamente tenga que ser un individuo muy culto. En la República Dominicana en vez de evolucionar en el buen uso del lenguaje lo que hacemos es deteriorarlo con sus malas aplicaciones.

 El Scrabble es una práctica propia de ambientes familiares con cierto apego a los libros; en los ambientes familiares dominicanos es muy raro hallar eso.

Ya hay aspectos en la generación dominicana actual, que estén bien o mal, han ganado mucho terreno y el Scrabble no los cambiará de un día para otro.

Quien escribe conoce a los mejores jugadores de Scrabble de su país, y puede dar testimonio que no alcanzan ni a 25 miembros. Muy pocos lo practican en la website www.redeletras.com y ninguno tiene el más mínimo interés de asociarse para jugarlo de manera presencial o introducirlo en su patria. El que más trabajó a favor de la causa scrabblera fue Guillermo Boden, conocido con el nickname de doggy en el sitio web citado. Fue quien realizó los más elogiosos esfuerzos cuando lo dio a conocer en la librería Thessaurus y en la Feria Internacional del Libro 2009, pudiendo acaparar buena atención del público que no entendía que clase de juego era ese. De verdad no sé porqué claudicó Boden de su proyecto. El iba muy bien.

Otra causa que hay que citar es que la niñez y adolescencia nuestra es adepta a juegos de violencia: mientras más agresivos, mejores. Obviamente, que esto obedece a diversos factores y necesitaría ser abordado en otro tema.

 En gran parte de Suramérica y España el Scrabble se ha podido transmitir de generación en generación, y por eso su cuota de popularidad se mantiene. 

Si se quiere fomentar  el Scrabble por mis lares hay que establecer estrategias acertadas. Se urge volver a darle continuidad a Scrabble Dominicana, un intento de federación si se puede decir, nació muerto, y sin gran respaldo y carencia de deseo de quienes fuimos sus integrantes. Hubo cosas allí con las cuales no estuve de acuerdo.

Debemos hacer lo mismo que están haciendo los ajedrecistas: llevando su pasatiempo a los centros comerciales con la finalidad, lograda hasta ahora con éxito, de acaparar la atención de los visitantes. Pero es obvio, que ya  el ajedrez es conocido por casi todos en mi país, no así el Scrabble.

Con más razón es que se debe hacer lo mismo con el juego de palabras cruzadas. Los resultados se verán, pues, naturalmente que a muchos les comerá la curiosidad por aprenderlo y hasta de adquirir uno en la tienda. Cuando algo no se conoce, simplemente hay que hacer bulla para darlo a conocer y, si es posible, en lugares estratégicos como: las plazas comerciales, las escuelas y universidades. En ese aspecto admiro el esfuerzo de los ajedrecistas dominicanos.

Aunque sé que todo proceso es lento, me atrevo hacer una apuesta. Algo se puede sacar.

 Iván Ottenwalder

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